Cervantes también decía “hijo de puta”

Escrito por lausofia25 08-09-2016 en cervantes. Comentarios (0)

Mi madre y yo mantenemos una disputa a lo Guerra Fría desde que yo tuve edad suficiente para sublevarme y ella se dio cuenta de que había criado a una malhablada sacada de una película de Almodóvar. Lingüísticamente hablando, porque de Penélope Cruz sólo me parezco en el blanco de los ojos. Y que somos gatas, como se denomina a las madrileñas. Los madrileños son gatos, y alguno que otro también es perro.

Nuestra cruzada se enraíza en la pertinencia o no de usar vulgaridades para expresarse. Ella: la mujer con más clase y saber estar que conozco. Yo: una persona que dice lo primero que se me pasa por la cabeza y le añado todo tipo de improperios y cuanta palabra soez se me ocurre. Me fascina.

A mis 28 años mi señora madre me sigue regañando cada vez que suelto un “me cago en todo”, un “joder” o un “menudo gilipollas”. La distancia de 8.019 kilómetros que nos separa no es impedimento para ella: me regaña por Skype, Whatsapp, Facebook, Twitter, y porque no estoy metida en más plataformas, que sino también las aprovecharía para ejercer de dictadora. Digo progenitora.

-Joder, eso es una verdadera putada.

-Julia, ¿es que no puedes hablar bien por una vez en tu vida?

-Mami, las palabrotas las inventaron para hacer más expresivo el lenguaje.

-No me vengas con gilipolleces

Ella por lo visto sí tiene la potestad de decir barbaridades. El estatus de mamá.

Díganme si no se les llena la boca de una euforia enfermiza cada vez que, por ejemplo, le espetan a alguien de frente un sonoro “hijo de puta”, más aún cuando saben que lo es (en sentido figurado, claro). El mundo se para por unos segundos, la garganta siente un carraspeo delicioso al pronunciar la jota, la lengua se recrea en cada sílaba, las letras fluyen en el paladar. Pura liberación del alma.

El Quijote me está dando muchas satisfacciones. La última es que ahora tengo un argumento más para justificar ante mi madre el uso de tacos. Si los empleaba el gran erudito de la lengua española, ¿quién soy yo para no predicar con el ejemplo? Nadie. ‘El Quijote nunca dijo “chino marica”‘

Porque la obra está impregnada de ellos. Un recurso lingüístico que se hace más evidente a medida que el relato avanza. Y con una connotación cada vez más despectiva.

Si al principio aparecían modismos como “bellaco”, “ruin” o “majadero” (la mayoría de ellos pronunciados por el hidalgo con destinatario su fiel escudero), ahora en los diálogos se cuelan groserías como “puto”. O mi preferida: “hijo de puta”, que en tiempos de Cervantes adoptaba la forma de “hideputa” si eras un señor de clase alta o “hijoputa” si pertenecías al populacho. Dime que taco usas, y te diré quién eres.

Algo muy significativo de El Quijote, publicado cuando la Inquisición seguía vigente, es la influencia de la religión en la construcción de insultos. Algo que no deja de ser paradójico: ¿será que a Dios no le importa que ofendamos al prójimo con palabrotas hechas a su medida? “Bellaco descomulgado” o “traidor blasfemo” son algunas de las lindezas que el Quijote le reserva a Sancho cuando pone en duda la belleza de la amada de su señor, Dulcinea.

Paradójico es también que esta semana, en la manifestación que convocó la Iglesia católica y unos cuantos godos intransigentes más a favor de la familia tradicional (padre, madre e hijos) y los valores cristianos, se pudieran leer pancartas como (y copio textual): “Parody su puta madre la crio sadica puta y desvergonzada”.

Y me niego a transcribir más de la cita (ahí no termina) primero porque a los imbéciles no hay que darles más cobertura de la necesaria. Segundo porque no comulgo con la gente que le da patadas al lenguaje y a la ortografía (la señora que exhibió el cartel se comió todas las tildes, comas y la dignidad). Tercero porque las palabrotas se respetan: si se utilizan, se hace con propiedad, conocimiento de causa y cuando uno puede justificar su uso. Sino, mejor cerrar la bocaza, que es lo que debería haber hecho la mujer que portaba esa mierda inmunda a modo de mensaje reivindicativo.

¿Ven? Así se insulta. De nada, Cervantes.